
En resumen
Las grasas en la dieta proporcionan energía a las vacas lecheras, mejorando la producción de leche y la reproducción. Los microbios ruminales convierten los ácidos grasos insaturados en saturados mediante la biohidrogenación. Luego, pasan al intestino delgado para su absorción. Mantener la ingesta de grasa dentro de límites previene efectos negativos en la fermentación ruminal y ayuda durante déficits energéticos tempranos.
¿Cuál es el principal riesgo de sobrealimentar ácidos grasos insaturados al ganado lechero?
El exceso de grasas insaturadas altera las bacterias que fermentan fibra, reduciendo actividad microbiana y consumo de materia seca. La biohidrogenación convierte ácidos grasos como linoleico (C18:2) y linolénico (C18:3) en formas más saturadas, como esteárico (C18:0), para reducer la toxicidad bacteriana. Alimentar más del 7% de grasa podría causar enfermedades metabólicas y digestivas.
¿Cómo optimizar la suplementación con grasa durante períodos de alta demanda?
- Enfocarse en períodos de alta demanda: Aumentar gradualmente la suplementación durante la lactancia temprana o el estrés por calor cuando las demandas de energía superan la ingesta.
- Utilizar grasas protegidas: Formular raciones con grasas de paso o sales de calcio para proteger la grasa de los microbios del rumen y garantizar la absorción directa en el intestino.
Introducción
Desde el punto de vista nutricional, las grasas, también conocidas como lípidos, son una fuente extraordinaria de energía. Su inclusión en la dieta del ganado aporta múltiples beneficios, entre ellos el aumento de la densidad energética de la ración y la mejora del desempeño reproductivo. Las grasas contienen aproximadamente 2.25 veces más energía que los carbohidratos, lo que significa que pequeñas cantidades de grasa pueden incrementar considerablemente la cantidad de energía en la dieta (Feinstein, 1983). Este aporte adicional de energía puede favorecer tanto la producción de leche como la reproducción. Su importancia es especialmente evidente durante la lactancia temprana, cuando la vaca experimenta un balance energético negativo y utiliza sus reservas corporales (en forma de grasa corporal) para sostener la producción de leche. Sin embargo, aprovechar los beneficios de la grasa depende de suministrar el tipo y la cantidad adecuados en la dieta. En este artículo se explica qué es la grasa, cuánta grasa necesitan consumir las vacas, qué ocurre cuando la consumen y en qué situaciones la suplementación con grasa puede ser beneficiosa.
¿Qué es la grasa?
La característica que define a todas las grasas es que son insolubles en agua, independientemente de si se encuentran en estado sólido (grasas) o líquido (aceites). Las grasas están compuestas por unidades más pequeñas llamadas ácidos grasos (AG), y sus propiedades dependen del tipo y la proporción de los ácidos grasos que la conforman. Los ácidos grasos son cadenas de átomos de carbono unidos por enlaces que pueden ser dobles o sencillos. Cuando todos los enlaces entre los átomos de carbono son simples, el ácido graso se clasifica como saturado. En cambio, si la cadena contiene uno o más enlaces dobles, el ácido graso se considera insaturado. En los alimentos para el ganado y en productos de origen animal, como la leche, las grasas se encuentran principalmente en forma de triglicéridos. Un triglicérido está formado por tres AG unidos a una molécula de glicerol. Los triglicéridos constituyen la principal forma de almacenamiento de lípidos en los tejidos animales y representan aproximadamente el 98 % de la grasa presente en la leche (MacGibbon et al., 2009).


¿Qué le sucede a la grasa dentro de la vaca?
Cuando la grasa llega al rumen, generalmente en forma de triglicéridos, el glicerol se separa de los ácidos grasos mediante un proceso llamado hidrólisis. El glicerol es utilizado como fuente de energía por los microorganismos del rumen, mientras que los ácidos grasos experimentan diferentes transformaciones según la longitud de su cadena y su grado de saturación. Por ejemplo, los ácidos grasos insaturados pueden ser tóxicos para algunas bacterias del rumen, especialmente aquellas responsables de la digestión de la fibra. Como mecanismo de protección, estos ácidos grasos son sometidos a un proceso conocido como biohidrogenación, mediante el cual sus enlaces dobles se convierten en enlaces simples (Maia et al., 2010). Si este proceso se completa, el resultado es un ácido graso saturado. Por esta razón, muchos de los ácidos grasos insaturados que ingresan al rumen salen de este mismo en forma de ácido esteárico (C18:0), que es un ácido graso saturado. En contraste, los ácidos grasos saturados no experimentan cambios importantes después de la hidrólisis (Jenkins et al., 2008).
| ENTRADA | SALIDA |
|---|---|
| 892 g FA (<10%AGL*) |
876 g FA (>80%AGL) ▲ |
| 0.22% C18:0 |
61% C18:0 ▲ |
| 24.5% C18:1 |
3.42% C18:1 ▼ |
| 49.32% C18:2 |
3.5% C18:2 ▼ |
| 4.14% C18:3 |
0.34% C18:3 ▼ |
Después de salir del rumen, los ácidos grasos se absorben en el intestino delgado. Desde allí, viajan a través de la sangre hacia diferentes partes del cuerpo, según las necesidades de la vaca. Cuando la vaca no requiere energía adicional o consume más energía de la que necesita, la grasa se almacena como tejido adiposo (grasa corporal). La vaca puede movilizar estas reservas de energía cuando las necesite (Bauman et al., 1980). Por ejemplo, durante la lactancia temprana, la vaca experimenta un balance energético negativo debido a las elevadas demandas energéticas de la producción de leche. Como resultado, moviliza la grasa almacenada en su cuerpo para obtener energía adicional, lo que provoca una pérdida de condición corporal. Sin embargo, el exceso de grasa corporal también puede desencadenar la aparición de trastornos metabólicos y reducir el desempeño reproductivo.
En conjunto, los ácidos grasos provenientes de los forrajes, granos y subproductos representan aproximadamente el 3 % de la materia seca de la dieta. En general, se recomienda que las dietas para vacas en lactancia no superen el 7 % de la materia seca en forma de ácidos grasos, y que las raciones para vacas frescas contengan menos del 5 %, con el fin de minimizar los efectos negativos que los niveles elevados de grasa pueden tener sobre la fermentación ruminal (Jenkins, 1993; Van Soest, 1994). La adición de grasa a la dieta aumenta la densidad energética y puede favorecer la producción de leche, mejorar el desempeño reproductivo y ayudar a mantener una adecuada condición corporal. Por el contrario, un exceso de grasa en la dieta puede reducir la actividad de los microorganismos del rumen, disminuir el consumo de materia seca, provocar un aumento excesivo de la condición corporal y desencadenarla aparición de enfermedades metabólicas y problemas reproductivos.
¿Cuándo la vaca necesita consumir más grasa?
Existen algunas situaciones en las que la vaca puede beneficiarse de un mayor contenido de grasa en la dieta sin reducir el consumo de alimento o causar problemas digestivos, por ejemplo:
- Durante la lactancia temprana, para apoyar la producción de leche y reducir la pérdida de condición corporal.
- En vacas de alta producción, para satisfacer las elevadas demandas de energía asociadas con su nivel de producción.
- Durante el estrés por calor, cuando las vacas disminuyen el consumo de materia seca y necesitan obtener mayor cantidad de energía por cada unidad de alimento consumida.
Tipos de grasa en la alimentación de las vacas lecheras
Grasas saturadas
En nutrición de rumiantes, las grasas saturadas se encuentran principalmente en fuentes de origen animal, como el sebo y la grasa refinada. Generalmente, las grasas saturadas son sólidas a temperatura ambiente. En el rumen, permanecen relativamente sin cambios, mientras que las grasas insaturadas son hidrogenadas por los microorganismos ruminales. Algunos ejemplos de ácidos grasos saturados son:
- Ácido palmítico (C16:0) → Se utiliza comúnmente en suplementos de grasa para ganado lechero.
- Ácido esteárico (C18:0) → Se encuentra con frecuencia en las grasas de origen animal y es el ácido graso predominante a la salida del rumen.
- Ácido mirístico (C14:0) → Está presente en menores cantidades en los ingredientes comúnmente utilizados en las dietas para vacas lecheras.
Grasas insaturadas
En la nutrición de rumiantes, las grasas insaturadas se encuentran principalmente en fuentes de origen vegetal, como aceites vegetales y las semillas oleaginosas. Generalmente, las grasas insaturadas son líquidas a temperatura ambiente. En el rumen, estas grasas pueden ser tóxicas para algunas bacterias, por lo cual ellas las transforman en formas más saturadas. El principal proceso de transformación se conoce como biohidrogenación. Como resultado de este proceso, los ácidos grasos insaturados también pueden encontrarse en los tejidos animales, pero normalmente en menores proporciones. Algunos ejemplos de ácidos grasos insaturados son:
- Ácido oleico (C18:1) → Común en muchos aceites vegetales.
- Ácido linoleico (C18:2) → Abundante en semillas oleaginosas como la soya.
- Ácido linolénico (C18:3) → Común en los forrajes y en algunas semillas oleaginosas.
Otras formas de clasificar la grasa:
| Clasificación | Subclasificación | ||
|---|---|---|---|
| Según la estructura química | Saturadas: Sin enlaces doble entre carbonos | Insaturadas: Uno o más dobles enlaces entre los átomos de carbono | |
| Según la fuente | Grasa Animal: Sebo, grasa refinada | Grasa Vegetal: Aceite de soya, aceite de canola aceite de maiz | Subproductos: Semilla de algodón, granos de destilería |
| Según el comportamiento en el rumen | Activas: Grasas que interactúan con los microorganismos del rumen, como los aceites libres y las grasas insaturadas no protegidas | Inertes: Grasas que están protegidas de las interacciones en el rumen como las sales de calcio | |
Grasas protegidas
Las grasas protegidas también se conocen como grasas de paso (baipás). Estos suplementos de grasa generalmente están recubiertos con una sustancia que los protege de las interacciones con los microorganismos del rumen. El propósito de proteger los ácidos grasos es evitar la biohidrogenación, permitiendo que la grasa permanezca sin cambios y sea absorbida en el intestino delgado.
Conclusión
La grasa es un componente clave de la dieta en la nutrición de ganado lechero, es fuente de energía y desempeña un papel fundamental en el soporte de la producción de leche. Comprender qué es la grasa, cómo se comporta en el rumen y cuánto necesitan las vacas, permite formular raciones de manera más precisa. Cuando se utiliza adecuadamente, especialmente durante períodos de alta demanda energética como el inicio de la lactancia, la grasa puede ayudar a cubrir esas necesidades sin comprometer la función del rumen, apoyando en última instancia el desempeño y la productividad de la vaca.
Referencias
- Feinstein, H. I. (1983). “Average Heat of Combustion and Available Energy of Carbohydrate, Fat and Protein,” Iowa Science Teachers Journal: Vol. 20: No. 2, Article 9. Available at: https://scholarworks.uni.edu/istj/vol20/iss2/9
- MacGibbon, A.K.H., Taylor, M.W. (2006). Composition and Structure of Bovine Milk Lipids. In: Fox, P.F., McSweeney, P.L.H. (eds) Advanced Dairy Chemistry Volume 2 Lipids. Springer, Boston, MA. https://doi.org/10.1007/0-387-28813-9_1
- Maia, M.R., Chaudhary, L.C., Bestwick, C.S. et al. (2010). Toxicity of unsaturated fatty acids to the biohydrogenating ruminal bacterium, Butyrivibrio fibrisolvens. BMC Microbiol 10, 52 (2010). https://doi.org/10.1186/1471-2180-10-52
- T. C. Jenkins, R. J. Wallace, P. J. Moate, E. E. Mosley, BOARD-INVITED REVIEW: Recent advances in biohydrogenation of unsaturated fatty acids within the rumen microbial ecosystem, Journal of Animal Science, Volume 86, Issue 2, February 2008, Pages 397–412, https://doi.org/10.2527/jas.2007-0588
- Bauman, D. E., & Currie, W. B. (1980). Partitioning of nutrients during pregnancy and lactation: A review of mechanisms involving homeostasis and homeorhesis. Journal of Dairy Science, 63(9), 1514–1529. https://doi.org/10.3168/jds.S0022-0302(80)83111-0
- Jenkins, T. C. (2012). Rumen Transformation of Lipids. Virtus Nutrition webinar. Available at: https://www.youtube.com/watch?v=MyO_Raiv14w. Accessed July 1, 2026.
Publicado: Julio 2026
Autor
- Manuel Peña – University of Wisconsin–Madison, Division of Extension
Revisado por
- Katelyn Goldsmith – University of Wisconsin-Madison, Division of Extension
- Jackie McCarville – University of Wisconsin-Madison, Division of Extension



